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El fraude en Geoingeniería, La probabilidad de Guerra

GUERRA: EL SOL: OTRA: ¿Tormenta Solar”estratosférica”? NO. ¿Calentamiento Global catastrófico? NO. Todo lo contrario. ¿HPEM? SÍ.


Miedo, miedo y miedo.

Vivimos en un Universo que és como és. És lo que hay. Y si hay halgo de lo que debamos defendernos, debemos defendernos en aras de preservar una “civilización” que, dicho sea de paso, es impuesta y no por nosotros (Göbleki).

Dependiente completamente de la electricidad y el electromagnetismo (una forma de vivir, sin más) (consustanciales)  sin haber tenido en cuenta que nos hemos (han) de suministrar diferentes opciones de suministro de energía por si, alguna vez, alguna “falla”. Nada de eso pues ha sido realizado (pues les importamos un comino), que es el conocer los riesgos que nos proporciona ese Universo natural, que dicho sea de paso, es nuestro hogar y al cual le debemos la vida y la conciencia, o al revés.:

1.- “Tormentas solares”: A ellas les debemos la vida.

2.- “Calentamiento global general”: FALSO, y además y en su debida proporción, a él le debemos la vida y también y por nosotros, la porquería. Eso sí, 4 – 5 billones $ al año caen por el impuesto a las emisiones de CO2 (Al Gore y sus parafernalias)

3.-  “Protección hacia el sol por su hiper – actividad”: FALSO, eso no está ocurriendo, estamos ante el ciclo solar más débil desde que se tienen registros y muy probablemente al albor de una mini era glacial en este año o el próximo, y como no se ha hecho nada…millones de muertos por frío y sucedáneos. (esto ya sucedió en 1300 y 1700)

4.- Azufre diluido en la atmósfera para protegernos de la radiación solar, con sus repercusiones (geoingeniería de aerosoles) ya referenciado, de 40 a 80 millones de muertos anualmente por decenas de años y con el beneplácito de la OMS”: FALSO. Al Sol no le pasa nada, (incluido el evento Carrington que no debería aniquilar esta sociedad); no le pasa nada dentro de sus fluctuaciones, a las cuales les debemos la vida.

5.- Recomendaciones hacia la protección hacia un pulso electromagnético, venga de donde venga: ACIERTO.

¿Porqué?. Por lo dicho. Es incierto que el Universo pueda predestinarnos hacia una destrucción pero es cierto que nuestros dueños y señores pueden hacerlo cuando quieran, por ejemplo mediante un pulso de gran altitud ya referenciado, releer:

GUERRA: NUEVAS GUERRAS: HPEM: Listos en un segundo. GUERRAS Y MÁS GUERRAS Y MÁS GUERRAS…

, pues ellos y solo ellos tienen las armas nucleares para poder hacerlo.

Así pues nos encontramos ante una cuestión (o problema de base) que es algo que sabemos o sabíamos hacer perfectamente antes de la invasión “Aria” hace miles de años: Adaptarnos, sobrevivir y aún VIVIR en ese Universo sujeto a leyes naturales, que entre, y para otros, fueron y se sucedieron para nosotros, seres humanos, y no para ellos – infrahumanos (o sea los que nos gobiernan y dominan absolutamente, y por ahora, pues tal es la naturaleza infrahumana de nuestro enemigo (por tanto mucho más listo y no sujeto a las emociones humanas), que lo tenemos))

Ante ello, uno no puede, por más, que rebelarse hacia las evidencias que nos muestran la completa manipulación y sometimiento a la que estamos sujetos.

Ya hablamos anteriormente de invasiones, dominios, el siglo XX, y la plasmación de su verdadera maldad hacia nosotros mediante ese siglo y otros (ya referenciado, y lo que te rondaré)

Ahora, y en este artículo, toca hablar (por segunda vez e insistiendo) de HPEM. La, para uno, más mortal arma que tienen a su disposición (incluso a la de Fukushima, control de medios, energías,  dinero – deuda…,  y aún de lo termonuclear, y de nadie más, pues les pertenece.

Esta arma es la del miedo.

Sí, para desviar la atención y  socavar los cimientos de nuestra energía autóctona:

HPEM, algo invisible, no perceptible y no explicable de cara al común, y sin embargo sencillo y tremendamente exterminador al mismo tiempo.

Algo que sucede a unos cientos de kilometros más allá de nuestra atmósfera, en un instante, producto de una explosión atómica (producida por ellos) y probado por decenas de veces en el suelo y por encima de esa atmósfera no pocas veces y con efectos desastrosos. Los estudios están hechos. Los medio preparados. Solo queda la voluntad de hacerlo. Y la tienen si les es necesario.

Para tratar de exponer esta amenaza inmediata a la que estamos sujetos sendos artículos y referencias hacia:

1: Lo inevitable y lo encubierto. Científicos rusos están avisando hace dos años de la próxima e inminente mini era glacial (natural) (2014), ya referenciada y poquito a poco hasta su pico en el 2050 (y ante lo cual no se está haciendo nada).

2.- Engaños y más engaños acerca de la “extraordinaria” actividad del sol. Como si una “tormenta” Mx o Xx pudiera ser significativa por fuerza, y que justificaría cualquier acción en “aras” de preservar la vida en la tierra. 2000-3000 milones de muertos a razón de 40-80 millones por año durante aproximadamente 25 años y admitido como mal menor por la OMS (uno de nuestros “amigos”) en su momento. Y ya está sucediendo (dispersión de azufre).

3.- Recomendaciones, y dadas las circunstancias, saludables, acerca de las medidas que debería tomar el ciudadano común ante un pulso electromagnético, proceda de donde proceda.

4.- La inminencia hacia el desastre que supone la “producción” artificial de ese pulso hacia la población.

Como tal aquí se exponen los artículos pertinentes:

1.-

PELIGRO: 2013 establece un nuevo récord de erupciones volcánicas. Aumenta el riesgo de muertes masivas por enfriamiento global

2013 ha sido testigo de más erupciones volcánicas que en ningún otro momento desde que comenzaron los registros. Como se informó en “¿por qué 10 grandes volcanes a lo largo del “Cinturón de Fuego del Pacífico” están cobrando vida?”, el vulcanismo está en aumento. En el promedio de un año, 50 a 60 volcanes entran en erupción. En lo que va de año se han producido 83, con exclusión de cualquier nueva erupciones al escribir este artículo.
Un extra de 23 a 33 erupciones (hasta ahora) puede no parecer mucho, pero esas erupciones adicionales representan una enorme cantidad de gases y cenizas que salen proyectados hacia la atmósfera. Millones y millones de toneladas métricas que pueden tener un efecto profundo sobre la vida en la Tierra.
La ceniza, que contiene una variedad de material particulado, refleja la luz solar hacia fuera de la superficie. En las erupciones graves en realidad se impide que la luz del sol pase a través, al igual que con la erupción del Monte Pinatubo en 1992. El dióxido de azufre, uno de los principales gases arrojados durante las erupciones, también disminuye la temperatura y millones de toneladas a la vez pueden ser dadas de alta cuando un volcán entra en erupción.
Si este nivel de vulcanismo sigue, que en este momento parece probable, entonces podríamos estar dirigiéndonos hacia una caída de un par de grados de temperatura. De nuevo, esto no suena a mucho, pero 2° C es suficiente para alterar las tablas de zona agrícola en algunas zonas. Los científicos del clima nos dicen que un aumento de 2° C a causa del calentamiento global antropogénico (AGW) será un desastre para la humanidad, sin embargo, nunca mencionan lo que una caída de 2° C puede hacer.
Los efectos de una caída tal serían profundas, y si se agrega en el descenso previsto de las temperaturas del muy largo y tenue ciclo solar, parece que la vida va a ser muy fría por cierto.
Solheim y Humlum predicen una caída mínima de 1° C debido al ciclo solar y James Marusek va sugiriendo además:
Experimentaremos temperaturas que no hemos visto en más de 200 años, durante la época de los pioneros.David Archibald, un climatólogo, también sugiere que la caída en la actividad solar bajará las temperaturas a niveles que no hemos sufrido durante siglos.
Añadir estas predicciones a los efectos de los volcanes, y usted tiene un escenario apocalíptico de inviernos largos y muy crudos y veranos cortos y frescos. Los cultivos y el ganado se verán afectados, y el hambre es una posibilidad real, tanto en casa como en el extranjero.
Tiendas de grano no son lo suficientemente completas como para durar por décadas de frío. Las reservas cubrirían un año tal vez dos, pero no una década o más.
La Pequeña Edad de Hielo vio millones que murieron de hambre y de frío, y con tantos más bocas que alimentar ahora, esa cifra podría subir mucho más.
Todos los días los alarmistas del calentamiento mundial arrojan algo más en la mezcla, una nueva forma que cifra como positivo el cambio climático va a ser la muerte de todos nosotros. Pérdida del medio ambiente, la pérdida de hábitat para una especie que nadie recordará, la fusión del hielo, el aumento del nivel del mar … es interminable.
El peligro real e inmediato que todos enfrentamos es el enfriamiento global, y con el repunte de la actividad volcánica y la baja actividad en el Sol, lo más probable es que vamos a experimentarlo más pronto que tarde.
Sin embargo, nunca es mencionado.
Nunca he escuchado a un político decir que deberíamos estar almacenando leña, alimentos y granos porque es posible que no sean capaces de crecer dentro de diez años.
Nunca he escuchado a un político decir “estamos recortando los impuestos de energía verde para que puedan darse el lujo de aislar sus casas y formar unidades de energía solar y fotovoltaica”.
Nunca he oído decir “tenemos que mejorar las instalaciones de almacenamiento de gas natural y mejorar nuestra infraestructura eléctrica para que podamos hacer frente al aumento de la demanda que va a ocurrir en un futuro cercano”.

Si usted nunca ha visto las Piedras Guía de Georgia ahora sería un buen momento. Uno puede explicar por qué el gobierno no dice nada:

1 . Mantener a la humanidad por debajo de 500,000,000 en perpetuo equilibrio con la naturaleza.

Usted necesita pensar acerca de esto. Usted necesita considerar no sólo los escenarios apocalípticos que siempre hablamos. Se dice que si la red se cae para siempre, el 99% de los estadounidenses estarán muerto dentro de un año. ¿Sería esa cifra aumentanda si la red se cae y estamos enfrentando el frío y el hambre al mismo tiempo? La respuesta es SÍ.


Fuente:

http://www.activistpost.com/2013/12/2013-sets-new-record-for-volcanic.html
http://geography.about.com/od/globalproblemsandissues/a/pinatubo.htm
http://www.thedailysheeple.com/?s=seven+volcanoes
http://www.volcanodiscovery.com/erupting_volcanoes.html
http://arxiv.org/abs/1202.1954
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364682612000417
http://www.space.com/11960-fading-sunspots-slower-solar-activity-solar-cycle.html
http://www.davidarchibald.info/papers/Archibald2009E&E.pdf
http://www.jstor.org/discover/10.2307/203063?uid=3738032&uid=2129&uid=2&uid=70&uid=4&sid=21103062439911

Comentario: 
¿Hay un catastrófico enfriamiento global por venir que podría causar miles de muertes en un futuro muy cercano?Lo venimos diciendo desde hace años en SOTT. Una Era de Hielo se acerca.No se pierdan nuestros últimos Enfoques Sott sobre los cambios climáticos.
Su vida y la de sus seres queridos pueden depender de esta información:
Fuego y hielo: El día después de mañana
La situación global no ha hecho más que empeorar: Recuperación improbable
El calentamiento global antropogénico sigue siendo una mentira
Alerta de propaganda: IPCC sostiene que el calentamiento global es inequívoco
vie, 06 dic 2013 17:45 CST

2.-

“Tormenta Solar Severa (EMP) ¿Cómo prevenir?”. Decálogo básico de buenas prácticas para la autoprotección familiar.

13 de septiembre de 2011 a la(s) 13:00

(Nota: versión íntegra del folleto original de buenas prácticas elaborado por el Observatorio del Clima espacial www.facebook.com/ClimaEspacial y adoptado oficialmente en su versión resumida por la Protección Civil de Extremadura y divulgado en Europa Press, Nueva Tribuna y otros medios).

Una tormenta geomagnética o, popularmente, una “tormenta solar“, es una variación pronunciada del campo magnético terrestre debido a que porciones de la energía solar son transferidas a nuestra magnetosfera; habitualmente en conexión a grandes llamaradas solares que emiten materia en nuestra dirección.

La gran mayoría de las tormentas solares suelen ser algo común e inofensivo cuyo único efecto es ofrecernos imagenes de gran belleza en los cielos nórdicos (las famosas “auroras boreales”).

En muy contadas ocasiones, sin embargo, pueden llegar a producir efectos de inducción electromagnética muy similares a un EMP (pulso electromagnético por sus siglas en inglés) que incluso podrían llegar a dañar las redes e infraestructuras eléctricas, sistemas satelitares y de GPS. Pero nunca a las personas, salvo los astronautas situados fuera de la protección que nos da la tierra y que cuentan con medidas específicas.

Debido al actual incremento de la actividad solar se ha estimado en un 5-12% la posibilidad de que un tal fenómeno pudiese tener lugar en los próximos 5 años.

El siguiente Decálogo de buenas prácticas formulado por el Observatorio del Clima Espacial se basa en las previsiones de distintos estudios y simulacros de NASA, OCDE y Comisión Europea, y en las recomendaciones de FEMA y otros organismos; contar con varias de las recomendaciones y elementos preventivos que siguen pueden ser igualmente de ayuda ante otros escenario.

1- Verificar con calma la concreta situación que nos afecta.

Ante todo conservar la calma y proceder con tranquilidad a verificar que realmente se ha producido un apagón generalizado a todos los niveles (4 factores de comprobación: a- electricidad doméstica, b-telefonía móvil, c-emisoras de radio y d- internet) y no una interrupción puntual por otra causa distinta, como un apagón normal de corriente doméstica en el barrio que no afectará, por ejemplo, al funcionamiento normal de la telefonía móvil o las antenas de radio; o un problema técnico de tu operadora móvil que no afectará, por tanto, a la iluminación de tu cocina, etc.

Una tormenta solar, incluso una severa, no tiene por qué dar lugar necesariamente a ningún “colapso” y, de hecho, puede limitarse a dar lugar a otros efectos perjudiciales pero “menores” para nosotros; en tanto que sin apenas consecuencias directas en nuestro día a día (como apagones de radio, o afectación de algún satélite).

Afortunadamente nuestra atmósfera y magnetosfera nos protegen las 24 horas del día. Lo vienen haciendo de forma efectiva desde siempre.

De hecho, puede que incluso de haberse producido un efecto electromagnético realmente severo que consiga alcanzar la superficie de la tierra – y hasta produzca alguna distorsión en sistemas eléctricos – éste se produzca en latitudes mucho más al norte de nuestro país.

O que incluso de llegar a afectarnos, cosa nada fácil, tan sólo afecte alguna región localizada de nuestra redes de gran distribución y transformadores y que el resto de la red no se vea afectada en cascada tampoco. Esto es exáctamente lo que sucedió, por ejemplo, con la conocida tormenta geomagnética de Quebec, Canadá, en 1989, que es cierto que dejó sin fluido eléctrico hasta a 6 millones de personas durante casi 24 horas, pero no afectó al resto del país desde dónde fue movilizada de inmediato toda la asistencia necesaria a la población y todos los medios necesarios para la reparación de la red dañada.

En definitiva: incluso con una tormenta geomagnética severa la situación y afectación de las infraestructuras fundamentales de las que dependemos puede variar dependiendo de la combinación de muy distintos factores geomagnéticos, y es necesario determinar con toda serenidad, y certeza, el concreto escenario en el que nos vemos inmersos.

Si ha podido haber algún tipo de aviso anterior por parte de las autoridades se nos habrá informado con antelación sobre como proceder con los cortes de luz y gas y la desconexión de la red de nuestros aparatos. O cosas como evitar el uso de ascensores.

En todo caso no está de más recordar que es prudente acordar el corte del suministro de la propia comunidad en tanto la situación se corrige, – por lo menos el de casa si después vamos a dejar el lugar -. Y verificar con prontitud, además, si se ha podido producir algún pequeño incendio eléctrico fortuito para sofocarlo, pero sin emplear agua.

 

2- Plan familiar preestablecido.

De modo que permanecer tranquilamente en casa a la espera de asistencia exterior – o valorar que ésta no llegará a corto plazo- será nuestra primera decisión familiar para gestionar esta situación.

Para ello, en primer lugar, y en toda circunstancia, hay que sintonizar la radio y seguir al tanto de las noticias que puedan llegar así como de las indicaciones de las autoridades y Protección Civil, que en caso de emergencias estarán en todas las frecuencias AM/FM.

Como pauta general si tras las primeras 72 horas tras el evento no hay signos de recuperación – no llega asistencia alguna, ni hay noticias por radio/internet ni nadie sabe nada con certeza -, significa que el impacto en las infraestructuras nacionales ha podido ser severo y de amplio alcance geográfico (indeterminado, en todo caso) y es recomendable reunir a nuestros familiares y dirigirse hacia alguna zona menos poblada y más al sur (si se está en el hemisferio norte), donde la red ha podido resistir mejor.

En particular, si además de a esos 4 factores de comprobación aludidos se ha afectado, adicionalmente, a nuestros vehículos y otros aparatos electrónicos independientes de la red, como baterías de portátiles, o transistores a pilas hay que entender que el carácter del pulso electromagnético (EMP por sus siglas en inglés) asociado al evento habrá sido particularmente severo. No estaríamos entonces ante ningún escenario natural como el de Quebec en 1989 y en ese caso  mejor partir lo antes posible. De todas formas algo así nunca se ha verificado, y que algo de tal alcance pudiese suceder por el momento sólo es una teorización.

Y, si se vive en las inmediaciones de una infraestructura crítica sensible, a lo que hay que estar pendiente, siempre, será a lo establecido en su plan de emergencia y a las instrucciones de los responsables de protección civil de la zona sobre el concreto modo de actuar y de valorar la situación allí.

Sea como sea, si nos vemos envueltos en una situación de fallo de uno u otro alcance, hemos de prevenir la posibilidad de que las llamadas para contactar con otros de nuestros seres queridos puedan no funcionarán.

Por ello lo primero necesario es tener previamente establecido es a) un plan de comunicaciones y b) un par de sencillas pautas para la reagrupación familiar desde el principio del escenario para, c) llegado el caso,  dirigirse a un lugar seguro familiar de referencia previamente establecido juntos – fuera de la ciudad y a una distancia prudente de otras instalaciones críticas sensibles -.

Es importante que el conjunto de ese plan sea “refrescado” de vez en cuando entre los miembros de la familia y que todos sepan a donde dirigirse para el reagrupamiento inicial y el desplazamiento posterior de ser necesario.

En todo caso conviene evitar desplazamientos en los primeras momentos de apagón y, para cualquier movimiento posterior, será importante que se produzca con toda normalidad y observancia de las normas de circulación. Con más prudencia en realidad: hay que prestar especial atención a cortes y obstáculos imprevistos, o semáforos, iluminación u otros elementos eléctricos que han podido dejar de funcionar.

También es importante planificar con antelación lo relativo a la recogida y acompañamiento de menores, familiares con alguna discapacidad o que requieran de alguna atención especial y ancianos de avanzada edad.

Es importante disponer de cosas como un mapa de carreteras al uso y bicicletas por cada miembro (en portabicicletas, p. ejemplo) como medio secundario, ya que pueden resultar de utilidad.

Es importante que para poder realizar dicho desplazamiento en condiciones adecuadas hayamos preparado antes los recursos básicos que nos permitan estar bien una vez alcancemos ese “lugar seguro familiar de destino”. Por ello la mayoría de los recursos de este decálogo los guardaremos directamente en dicho lugar seguro familiar de destino; pero unos pocos recursos los tendremos en casa, directamente a mano y siempre con nosotros.

Un ejemplo sencillo de las cosas para tener siempre a mano en casa son las “mochilas listas para salir” recomendadas a los ciudadanos por el programa “Prepárate Madrid” del ayuntamiento de la capital (http://www.madrid.es/UnidadesDescentralizadas/Emergencias/PreparateMadrid/Ficheros/Preparate/despliegue_mochila.jpg ) añadiéndole algo de comida no perecedera por persona para más de 3 días y los elementos que se indican en los puntos 3 y 4 de este Decálogo (“Agua” y “Protección ante los elementos”).

Simplemente con visitar alguna gran superficie comercial, alguna cadena de tiendas deportiva/de multiaventura se pueden encontrar una amplia variedad de posibilidades para cubrir los preparativos indicados a continuación.

3- Agua y medios de potabilización portátiles.

Contar con una reserva de agua mineral directamente a mano y medios de potabilización.

Beber agua potable es la segunda necesidad humana después de respirar (mínimo 1,5 litros día/persona, según actividad) , y un apagón generalizado de éstas características podría suponer semanas de afectación mientras el flujo se reestablece.

Esto es muy importante, y debe ser la primera preparación material de todas a adoptar a causa de la denominada regla del 3 en situaciones de emergencia: Una persona no puede resistir más de 3 minutos sin aire, 3 días sin agua potable, ni 3 semanas sin comida.

Disponer de suficiente cantidad de agua potable y segura a mano en función del número de personas en peligro y durante el tiempo suficiente, es un factor crítico en cualquier emergencia. No lo podremos subrayar lo suficiente.

Por ello, además de contar con unas garrafas de agua mineral de reserva,directamente disponibles en el lugar seguro de reagrupación familiar, recomendamos la adquisición de algún medio seguro de filtración automática portatil como los “life straw” familiares, o similar, o como una cantimplora de montaña por persona de las que incorporan filtros potabilizadores. Métodos que resultan especialmente seguros en tanto que no requieren ni de ningún tipo de manipulación – más allá del simple llenado -, ni de dosificación, ni de tiempo espera, reduciendo por tanto el riesgo de que el proceso potabilizador se haga incorrectamente y genere un riesgo adicional para la salud.

Tales métodos de potabilización no sustituyen, en todo caso, al sentido común de examinar adicionalmente que en las inmediaciones que el agua que pretendemos tomar no proviene de aguas estancadas o resulta contaminada de alguna forma con heces o animales en descomposición.

4- Protección personal ante los elementos.

Contar con un buen saco de dormir testado y esterilla por cada miembro de la familia, ropa de abrigo (gorro, guantes, bufanda), no sabemos si el apagón temporal puede suceder en invierno como sucedió con la mencionada tormenta geomagnética de Quebec. Tampoco sabemos cual podría ser su concreta duración ahora (días, semanas, meses…) lo que hace especialmente recomendable contar con medios autónomos de calefacción en el lugar de reagrupación familiar. La pequeña tienda de campaña familiar habitual de excursiones y camping.

Gafas polarizadas (gafas de repuesto también si se necesitan) y un pañuelo de tela grande de distintos usos (mascara improvisada, gorra para el sol, prefiltro de partículas para el agua, pequeñas heridas…). Tapones para los oidos. Botas para caminar aptas para la lluvia, así como un poncho para la lluvia resulta así mismo especialmente recomendado. Chandal, vaqueros y similar y mudas y calcetines de repuesto. Algo de hilo, aguja y algunos botones no ocupan lugar.

Junto a ello otros elementos adicionales de protección personal como algún repelente efectivo de mosquitos y otros insectos, bien sea en spray repelente/pulsera bien algún modelo de repelente tipo colgante por ultrasonidos de eficacia probada que protege las 24 horas del día, habitualmente en un par de metros de radio, y de forma continuada durante meses hasta que se agote su pila botón.

Un buen cinturón, capaz de resistir cargas y esfuerzos, puede ofrecernos así mismo múltiples usos para asegurar/sujetar carga, ayudarse a superar pequeños desniveles formando una cadena humana o para evitar perdidas en condiciones meteorológicas adversas.

5- Reserva de alimentos no perecederos.

Contar con una reserva de alimentos no perecederos proporcional al grupo familiar transportada o transportable al lugar de reagrupación.

El “EMP Act América” y la Protección Civil de Portugal  han recomendado un mínimo de 2 semanas de suministros por persona; Protección Civil de Extremadura ha recomendado un mes de suministros por persona. Nosotros recomendamos que se comience por 2 semanas o un mes pero que se vaya ampliando paulatinamente dicha cantidad hasta alcanzar un mínimo de 3 meses, correctamente ajustado al número real de miembro del grupo familiar. Tres meses bien calculados para cada miembro del grupo familiar; ello como reserva básica ante el riesgo potencial de que se desencadene un multiescenario en cascada de larga duración.

Hay que tomar en cuenta que, en general, las recomendaciones tradicionales de preparación para fenómenos estándar de “72 horas” (3 días) en los que “alguien” llegará para ayudar pueden quedar muy desfasadas ante el carácter único que pueden alcanzar eventos excepcionales de estas características, y deben ser ampliadas.

En la selección de alimentos siempre se deberá tomar en consideración incompatibilidades y preferencias alimenticias y partiendo de elementos altamente nutritivos como lentejas y garbanzos cocidos, arroz y harina, sardinas/atún en lata (siempre lata mejor que cristal, y siempre abre fácil en lo posible); complementar con leche y patata en polvo, pastillas de caldo, tomate natural triturado, galletas comunes, y algún complemento alimentario como el alga “espirulina platensis” – promovida por Naciones Unidas para situaciones de emergencia por su alto poder nutritivo y adquirible en centros dietéticos –. Sal (de la yodada y fluorada), aceite de oliva y miel como reguladores de ingesta cotidiana. Especias como ajo, canela o albahaca. Abundante fruta variada en almibar y en formato infantil de potito.

Una cucharadita diaria de cacao puede ser un antidepresivo natural y posee distintos efectos beneficiosos; infusiones como la tila, la manzanilla o el té son polivalentes, muy ligeras y de larga conservación.

Lo importante, en general, es seleccionar aquellas unidades que den de si el mayor consumo preferente posible en etiquetado y – fundamental – llevar una pequeña libreta de control anotando fechas y cantidades. Su almacenaje deberá ser en lugar fresco, seco y al amparo de la luz, a poder ser en contenedores plásticos cerrados de tamaño mediano que los proteja de insectos y que permitan su rápido manejo llegado el caso.

Otro buen complemento son los multivitaminas (con multiminerales), siempre que su ingesta se mantenga dentro de las cantidades recomendadas y se acompañe siempre del suficiente aporte líquido diario (sopena de daño a los riñones). Refuerzos de vitamina C y calcio resultan en todo caso imprescindibles ante cualquier posible escenario de larga duración.

La reserva de alimentos debe incluir piensos para nuestras mascotas, baratos y de larga duración por lo general.

Es imprescindible disponer de algún tipo de equipación de camping gas y al menos olla/sarten/pasapuré para la preparación de alimentos y cazo polivalente de latón y cubierto por persona.

6- Botiquín familiar ampliado.

Puesta al día del botiquín familiar siempre de conformidad a los medicamentos aptos para los miembros de la propia familia e incorporando cosas como algún antibiótico, antiinflamatorio, aspirinas, paracetamol, antidiarreico, y suero oral. Algún antihistamínico genérico y abundantes gasas estériles y yodo para desinfección. Banda adhesiva multiusos omnifix u otra, y puntos americanos o de aproximación. Cosas como alcohol para esterilización, crema hidratante y para quemaduras,

Instrumental básico como un termómetro de galio (ni mercurio, ni electrónico), tijeras pequeñas, gotero para dosificación, guantes esterilizados desechables o pequeñas pinzas para extracción, son otros elementos de utilidad.

Se deberá prestar nuevamente especial atención a contar con una provisión de reserva suficiente respecto de las necesidades especiales de menores, personas de avanzada edad, o aquellas otras con dolencias crónicas (cosas como antialérgicos específicos, inhaladores para asma de reserva, medicación para la diabetes, hipertensión, etc). Y bicarbonato, para poder improvisar un suero oral casero de emergencia.

7- Manual técnico en papel.

Contar con un manual en papel guardado en bolsa hermética, con técnicas básicas de orientación, acampada, técnicas de potabilización auxiliar, nociones de primeros auxilios, etc, como el manual “Wiseman” adoptado por protección civil y fuerzas armadas en varios países del mundo y que se puede comprar en la FNAC y otras librerías, o en su defecto un sencillo manual Scout u otros similares.

8-Medios de higiene personal.

Contar con una reserva de medios de higiene personal y limpieza en el lugar de reagrupación así como un pañuelo extra de tela (larga duración a diferencia de toallitas húmedas/clinex), una esponja por persona (en especial para limpieza humedecida si hay poca agua), papel wc, jabón de glicerina, lejía (de la expresamente apta también para potabilización según etiquetado como medio auxiliar), friegaplatos y elementos sustitutivos de las compresas femeninas (como el “Mooncup” y otros disponibles en el mercado);

Es importante prestar una especial atención a una cantidad suficiente de pañales en caso de contarse en el grupo con niños de corta edad.

Fundamental contar con medios suficientes de higiene dental que no pueden faltar, y de desparasitación ante piojos.

También es necesario atender a la desparasitación oral y collar de repuesto para nuestras mascotas.

9- Varios útiles de alto valor en emergencias (cerillas, transistor, navaja multiusos, linterna y otros).

Contar con algunas otras pequeñas herramientas útiles, desde medios de encendido (como 3 o 4  paquetes de cajas de cerillas pequeñas de las normales y baratas, repartidas en bolsas herméticas lo que, por un par de euros, nos garantizará numerosos encendidos sencillos por unos gramos de peso, que habrán de ser manejados siempre con la debida prudencia), a una simple linterna, o un sencillo transistor – mejor si ambas usan la misma pila (recargable) y tenemos, además, reserva extra y un cargador de pilas solar que les dé servicio – disponible a precio económico y en varios modelos en el mercado -; un par de pequeños “rad sticker”, monocular para avistar y pequeña brújula, una pequeña navaja multiusos (con función de abre latas) y su correspondiente pequeña piedra de afilar, un silbato para hacer señales. Parches y bombín para la bicicleta.

Distintos elementos para pequeñas confecciones: Cinta americana, plástico cubretodo como el que se usa para pintar una habitación; bolsas de basura y un simple tubo de pequeño diámetro de un metro pueden ser muy polivalentes; bridas y cordel resistentes; herramientas de bricolaje de las que habitualmente se tienen en casa como alicates o destornillador.

Que no se olvide incluir lápiz y papel para cualquier posible anotación o mensaje. Una baraja de cartas, juegos de familia, pelota de tenis o algún pequeño elemento similar no ocupa lugar, en especial si hay niños y mascotas.

En una tormenta solar no es previsible, en principio, la afectación de elementos electrónicos de alimentación independiente, o que en ese momento se encuentren desconectados de la red.

Con todo, como prevención simultanea tambien ante un EMP – p. ejemplo, tecnológico – de igual manera que el almacenaje de alimentos tiene sus requerimientos básicos, el almacenaje de radio, linterna y otros elementos electrónicos o eléctricos “de reserva” debería seguir una recomendación fundamental: tenerlos guardados por rutina en una sencilla “estantería-caja faraday” casera, como la que explicamos en la correspondiente nota.

Esa misma estantería puede ser, además, el mejor lugar de la casa para tener una copia de seguridad de nuestros archivos informáticos, por ejemplo en un disco duro externo o un pendrive, donde cabrían, con facilidad, una enorme cantidad de documentación personal escaneada, o materiales pdf con indicaciones de utilidad práctica, o incluso un viejo portatil sin uso que poder alimentar llegado el caso con los cargadores solares, aunque sea para un par de horas al día para consultarlo.

10-Chapas personales, dinero efectivo y documentación.

Llevar consigo fotocopia en bolsa con cierre hermético de la documentación personal y familiar más esencial: documentos de identidad y pasaporte, libro de familia, cartilla médica, veterinaria, fotografías, pólizas de seguro, estractos bancarios y escrituras de propiedad, así como algo de dinero en efectivo ya que sería probable que los cajeros no funcionasen o se pudiesen ver desbordados.

Es además recomendable que todos los miembros del grupo porten algún tipo de identificación personal (colgante/pulsera) con su nombre y apellidos, su grupo sanguíneo, posibles alergias médicas y alimenticias – de existir – u otras enfermedades crónicas, así como datos de contacto hacia otros miembros del grupo, muy en particular los niños.

Europa Press: Expertos declaran el clima espacial riesgo emergente

http://www.europapress.es/sociedad/ciencia/noticia-expertos-declaran-clima-espacial-riesgo-emergente-20110524173758.html

Y recordamos:

3.-

Bombas de pulso electromagnético de gran altitud (HEMP).

Increible los cientos de explosiones nucleares atmosféricas que se produjeron en secreto y sus consecuencias.

El 9 de julio de 1962, los Estados Unidos realizaban una prueba nuclear en el espacio exterior con el nombre en clave Starfish Prime: hicieron estallar una carga termonuclear de 1,44 megatones propulsada mediante un cohete Thor a 400 km sobre el Océano Pacífico. Por aquellos tiempos ya se sabía que las explosiones atómicas a gran altitud no pueden causar daños directos en tierra, pero presentan unas propiedades especiales que fueron un secreto absoluto durante más de treinta años, hasta el extremo de convertirse en un arma clave para la guerra nuclear sin que el público tuviera ningún conocimiento de ello. Los físicos sí que se lo imaginaban aunque, naturalmente, no dispusieran de los medios para realizar el experimento, que caía dentro de las atribuciones exclusivas de sus compañeros al servicio de las fuerzas armadas. Aunque a partir de 1981 se publicaron numerosos artículos en Science y otras revistas científicas revisadas por pares, fue sólo tras el final de la Guerra Fría –cuando sus posibilidades eran ya un secreto a voces en el mundo académico– que se empezó a hablar públicamente de la cuestión.

“Eran los daños causados por el EMP, tanto como los debidos a la explosión, el fuego y la radiactividad, lo que ensombrecía todos los estudios detallados sobre la posibilidad de recuperarse después de una guerra nuclear. Sin disponer de esencialmente nada eléctrico o electrónico, incluso en remotas áreas rurales, parecía sorprendentemente difícil que América pudiese recuperarse. La América posterior al ataque, en todos estos estudios, quedaba anclada a principios del siglo XX hasta que pudieran adquirirse en el extranjero equipos eléctricos y componentes electrónicos. Por razones obvias, todo el tema EMP era alto secreto y los seguimientos del Congreso se efectuaban a puerta cerrada. De hecho, esta es la primera sesión de seguimiento a puertas abiertas que recuerdo”

–Dr. Lowell Wood, director de los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore,
en audiencia ante el Congreso de los Estados Unidos, el 7 de octubre de 1999.

No se lo dijeron a nadie, pero Starfish Prime modificó el campo magnético de la Tierra –específicamente, el cinturón interior de Van Allen– y creó un cinturón de radiación a su alrededor que dañó tres satélites. Durante muchos años, hubo que construir los satélites artificales con mayor blindaje debido a este hecho. De manera más notoria, ocurrieron cosas extrañas en las Islas Hawaii, situadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia: se fundieron misteriosamente trescientas farolas del alumbrado urbano, se dispararon cientos de alarmas contra robo e incendio aunque no hubiera llegado ni la más mínima vibración, y el enlace interinsular de microondas de una compañía telefónica se quemó. Estas averías fueron reparadas rápidamente, sin dar ninguna explicación.

La Unión Soviética protestó, como era de esperar, aunque sólo uno de sus satélites había resultado afectado marginalmente. Lo que no dijeron los rusos es que ellos tenían ya preparada sus propias pruebas para apenas tres meses después, relacionadas con el estudio de la Defensa Antibalística de Moscú: la serie K, que se hizo estallar en Kazajistán entre octubre y noviembre de 1962, con cinco cargas de hasta 300 kilotones. La tercera prueba de la serie, denominada poco imaginativamente K-3, detonó el 22 de octubre a 290 kilómetros de altitud, no muy lejos de la vertical de Jezkazgan, mientras el resto del mundo andaba ocupado con la Crisis de los Misiles de Cuba. Los científicos soviéticos monitorizaban muy discretamente una línea telefónica aérea de 570 km para medir los efectos de aquella energía secreta que parecía hacer cosas a los sistemas eléctricos a distancias enormes; para ello, la habían dividido en varios sectores de 70 u 80 km., instrumentados independientemente.

Se puede imaginar su estupor cuando los 570 km quedaron fritos con corrientes de 1.500 a 3.400 amperios, con todos sus fusibles y disyuntores a gas, y con ellos toda la red de líneas secundarias. No sólo eso: también se incendió violentamente la central eléctrica de Karaganda, mientras 1.500 km de cables eléctricos subterráneos entre Astana y Almaty quedaban fuera de servicio, además de una cantidad incontable de daños menores. De nuevo, aquella energía secreta invisible e imperceptible había demostrado su capacidad de dañar gravemente la infraestructura civil y militar a distancias enormes mediante la sobrecarga masiva de los sistemas eléctricos y electrónicos radicalmente indispensables para cualquier forma de sociedad tecnificada.

Al año siguiente, los Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Limitación Parcial de las Pruebas Nucleares, prohibiendo todos los ensayos excepto los subterráneos, que después suscribiríamos hasta 123 países. La razón fundamental de este tratado fue reducir la cantidad de lluvia radiactiva que estaba ya contaminando toda la Tierra debido a las 331 pruebas atmosféricas norteamericanas, las 200 soviéticas y las decenas de Francia, el Reino Unido y China. Y eso estuvo bien. Aunque también hubo otra razón menos confesable: mantener esta fuerza secreta en la oscuridad, lejos del alcance de cualquier futura potencia nuclear.

Pero, ¿de qué se trataba? ¿Qué clase de fuerza extraordinaria es esta que puede destruir el sustrato más básico de la civilización tecnológica contemporánea a lo largo y ancho de todo un continente, después de una explosión nuclear en el espacio exterior que ni siquiera llega a verse y mucho menos notarse desde tierra? Porque este arma sólo deja como prueba de su presencia unas luces multicolores bellísimas, muy altas en el cielo, que son en realidad auroras boreales: las luces del fin del mundo. Por eso la llaman la bomba del arco iris.

El pulso electromagnético de gran altitud (HEMP).

Cuando se produce un pico súbito de energía electromagnética, durante un periodo muy corto de tiempo, decimos que se trata de un pulso electromagnético. Podríamos afirmar que, por ejemplo, un rayo o un relámpago causan pulsos electromagnéticos naturales.

Ya en 1945, durante las primeras pruebas nucleares en Nevada, se blindaron por partida doble los equipos electrónicos porque Enrico Fermi se esperaba alguna clase de pulso de estas características generado por aquellas bombas atómicas primitivas. A pesar de este blindaje, numerosos registros resultaron dañados o destruidos. Lo mismo les ocurrió a los soviéticos y los británicos, que llamaban a este efecto radioflash.

Lo que ocurre es que, en una bomba atómica que estalla cerca del suelo, el pulso electromagnético es pequeño, tiene poco alcance y en general queda dentro del área de destrucción térmica y cinética ocasionada por el arma, con lo que no se detecta a primera vista. Pero en un explosivo atómico que detona fuera de la atmósfera terrestre, en el espacio exterior, este efecto es muy distinto y resulta amplificado a gran escala por el propio campo magnético natural terrestre. ¿Cómo es esto posible?

Buena parte de la energía de una carga atómica se libera en forma de rayos gamma instantáneos. Los rayos gamma no son otra cosa que una forma de energía electromagnética de alta frecuencia; esto es, fotones como los que, a frecuencias menores, componen la luz, las ondas de radio o los rayos X. Su emisión es característica en los procesos que afectan al núcleo de los átomos o las partículas subatómicas que los forman. En una explosión nuclear, por tanto, se producen masivamente.

Dentro de la atmósfera terrestre, los rayos gamma resultan absorbidos rápidamente por los átomos del aire, produciendo calor; parte de la devastadora energía termocinética que caracteriza a las armas atómicas se debe precisamente a esta razón. Pero fuera de la atmósfera terrestre, esta absorción no se produce, porque no hay aire ni nada digno de mención que se cruce en su camino: a efectos macroscópicos, viajan por el vacío. Y siguen haciéndolo a la velocidad de la luz, hasta volverse imperceptibles en la radiación de fondo. Algunos de los objetos más lejanos que conocemos son los brotes de rayos gamma, en el espacio profundo, precisamente porque esta radiación puede desplazarse sin muchas molestias a lo largo y ancho de todo el universo.

Sin embargo, en una detonación próxima a la Tierra, la parte de esta radiación gamma que enfoca hacia el planeta viaja a la velocidad de la luz hasta alcanzar las capas exteriores de la atmósfera. Si se ha producido lo bastante cerca (típicamente, entre cien y mil kilómetros), esta esfera de radiación gamma en expansión no habrá llegado a disiparse mucho y billones de estos fotones de alta frecuencia chocan con los átomos del aire, a entre 20 y 40 km de altitud, cubriendo la extensión de un continente e incluso más. Entonces, se producen dos efectos curiosos.

El primero es que los átomos de la atmósfera resultan excitados y se ponen a liberar gran cantidad de electrones libres de alta energía, por efecto Compton. A continuación, estos electrones resultan atrapados por las líneas magnéticas del campo terrestre y se ponen a girar en espiral en torno a las mismas. El resultado es una especie de “dinamo” gigantesca, del tamaño del planeta, con un “bobinado” (los electrones libres capturados) que gira a la velocidad de la luz.

No giran mucho tiempo, pero da igual. Como consecuencia, se produce un inmenso pulso electromagnético que carga de grandes cantidades de electricidad el aire circundante y la tierra que está a sus pies. Estas cargas eléctricas ionizan intensamente la atmósfera, causando las bellísimas auroras boreales que dan nombre a la bomba del arco iris, y a continuación se abalanzan sobre todo lo que esté a su alcance con un potencial de decenas e incluso cientos de miles de voltios/metro. Especialmente, sobre los sistemas eléctricos y electrónicos.

Típicamente, el pulso así generado tiene tres componentes, denominados –de manera igualmente poco creativa– E1, E2 y E3. Ninguno de ellos tiene la capacidad de dañar de manera significativa a la materia corriente o a las personas. El E3 es un pulso muy lento, con decenas a cientos de segundos de duración, ocasionando un efecto parecido al de una tormentas geomagnética muy severa; tiende a deteriorar o dañar las grandes líneas eléctricas y sus transformadores. El E2 es muy parecido al ocasionado por el relámpago, y resulta fácilmente neutralizado por los pararrayos y otras protecciones similares contra embalamientos energéticos. El E1, en cambio, es brutalmente rápido, casi instantáneo, y transporta grandes cantidades de energía electromagnética; por ello, es capaz de superar las protecciones corrientes contra rayos y otras sobrecargas, induciendo corrientes enormes, miles de amperios, en los circuitos eléctricos y electrónicos que quedan a su alcance: miles de kilómetros de alcance.

El resultado es sencillo: los circuitos, simplemente, se fríen de modo instantáneo por todo el continente. Esto sucede sobre todo en aquellos que están conectados a antenas (pues una antena capta tanta energía electromagnética del aire como puede) y a líneas que actúen de antena (por ejemplo, los propios cables de la red eléctrica). Pero se ha documentado también muchas veces en circuitos apagados y desconectados, pues el pulso es lo bastante intenso para inducir corriente en su interior.

Los microchips de alta integración en los que se basa toda nuestra tecnología presente, desde las grandes instalaciones industriales y energéticas hasta los aparatejos que nos compramos continuamente, son especialmente frágiles ante el componente E1 del pulso electromagnético, que quema con facilidad las uniones P-N por embalamiento térmico, tanto más cuanto más pequeños sean sus componentes. La subsiguiente dislocación de los sistemas SCADA, los controladores PLC y otros elementos clave de los sistemas que garantizan los servicios de la civilización actual puede poner fácilmente a una sociedad contemporánea de rodillas durante las primeras fracciones de segundo de un ataque así, incluso mucho antes de que empiece la guerra de verdad… en caso de que haga falta después de algo así.

Se ha documentado que esta clase de circuitos pueden quedar dislocados con pulsos de 1.000 voltios/metro y la mayoría de ellos resultan destruidos por debajo de 4.000 voltios/metro. Un arma nuclear detonando en el espacio para generar pulsos electromagnéticos puede barrer fácilmente un continente entero con un potencial de entre 6.000 y 50.000 voltios/metro, incluso con potencias explosivas muy bajas, por debajo de 10 kilotones, menos que la primitiva bomba de Hiroshima. Aunque la documentación pública al respecto es ciertamente críptica, parece como si el componente E1 fuese en gran medida independiente de la energía total liberada por el arma (a diferencia del E3, que es directamente proporcional).

Debido a la distribución característica de las lineas del campo magnético terrestre, y dado que la generación del pulso es totalmente dependiente de las mismas, su intensidad está relacionada con la latitud. El pulso tiende a ser débil cerca del ecuador e intenso en las latitudes intermedias donde se hallan Europa, Estados Unidos, China, Japón y las áreas más habitables de Canadá y Rusia. Su impacto sería mucho más notorio en sociedades altamente urbanas e industrializadas y menor en las zonas agrícolas subdesarrolladas o en vías de desarrollo. Las ciudades, que dependen de una infinidad de servicios garantizados por estas tecnologías y son prácticamente inhabitables en ausencia de los mismos, sufrirían de manera particular. Toda gran urbe depende de sus suministros y su pujanza económica; la capacidad del pulso electromagnético inducido para desarticular los suministros y suprimir la actividad económica les resultaría letal.

Esto último nos hace observar un hecho singular: las armas de pulso electromagnético podrían ser una opción extraordinariamente interesante para países que se sientan en condiciones de inferioridad tecnológica o industrial respecto a un adversario. En un intercambio de bombas del arco iris, el bando más tecnificado e industrializado sufriría daños y dislocaciones de sus infraestructuras esenciales mucho mayor que el bando menos dependiente de la tecnología avanzada. Si las armas nucleares tienen en general una capacidad igualadora importante, las de pulso electromagnético llevan esta capacidad al extremo. Hipotéticamente, una nación agrícola atrasada y anclada a principios del siglo XIX no sufriría ningún daño por un ataque de estas características, mientras que una nación sofisticada, urbanita y avanzada sufriría pérdidas inmensas y correría grave riesgo de aniquilación.

Efectos del HEMP.

“Los automóviles modernos dependen de los semiconductores y los microprocesadores; la posibilidad de que sufran daños catastróficos es, por tanto, extrema. Ninguno de los sistemas militares desprotegidos que hemos sometido a pruebas soportaba más de 10.000 voltios por metro […] Las tormentas solares, de potencia muy inferior a esta distancia, han provocado cortes de electricidad muy severos. Existen múltiples razones para creer que las partes de nuestros sistemas de comunicaciones basadas en semiconductores, es decir su práctica totalidad, serían extremadamente vulnerables a un ataque EMP. Es razonable afirmar que muchos, si no todos los sistemas informáticos modernos expuestos a campos EMP de 50.000 voltios por metro, desde los portátiles hasta los grandes sistemas, dejarían de funcionar como mínimo. Y la mayoría de ellos se quemarían. Cualquier arma nuclear de cualquier tipo [generará EMP si se detona a la altitud adecuada]”

–Dr. Lowell Wood, op.cit.

Durante un intenso ataque de pulso electromagnético de gran altitud (HEMP) un ciudadano corriente sólo notaría al principio que se ha ido la luz. Su sorpresa aumentaría al mirar su reloj (digital) de pulsera, querer usar el teléfono, encender su portátil o descubrir que al menos una parte de los coches y camiones han dejado de funcionar repentinamente y están formando grandes atascos: nada parece estar operativo. En muchas ciudades, que dependen de bombas para el correcto funcionamiento de la red de aguas potables, la presión de los grifos comenzaría a descender (y en otros puntos aumentar, hasta el extremo de reventar las tuberías). El personal de mantenimiento o emergencias que acudiera a reparar las averías e incendios descubriría que sus propios instrumentos están dañados y al menos una parte de sus vehículos inutilizados.

Así reducido ya al estado de un campesino del siglo XIX sin saberlo, es posible que nuestro amigo o amiga pasara sus primeras horas esperando a ver si vuelve la corriente, leyendo a la luz de las velas, jugando con los niños o bajando al bar (donde no funciona ni la cafetera, ni la cocina) para echar la partida sin luz. En este momento, su vida sería aún parecida a quienes experimentaron algún gran apagón como este, este o este otro. Quienes trabajen o estudien lejos de sus casas tendrían muchos problemas para regresar, y es probable que debieran hacerlo a pie.

Puede que su nerviosismo comenzara a aumentar a la mañana siguiente, al descubrir que todo sigue sin funcionar, que los alimentos del refrigerador comienzan a estropearse y que los cajeros automáticos continúan muertos. Trata de conseguir una radio a pilas, se dirige a la comisaría más próxima o a la junta de distrito a preguntar. Nadie sabe gran cosa. Corre el rumor de que ha habido una guerra. Los supermercados y la mayoría de comercios, desprovistos de cajas registradoras, suministros diarios y controles de stock y personal están en su mayoría cerrados a cal y canto; sólo quedan abiertos algunos pequeños comerciantes, vendiendo el fondo de almacén y sacando las cuentas con lápiz y papel. Se pasa por el trabajo, donde le dicen que no hay nada que hacer hasta que vuelva la luz. Los niños siguen yendo al colegio (si viven cerca), pues para dar clase sólo se precisa tiza y pizarra, pero los profesores andan un poco confundidos.

Cuando pasa por delante de un hospital, se encuentra con largas colas en las puertas de urgencias. Aparentemente, tienen problemas para atender a los enfermos, y no digamos ya cuando se precisa una intervención quirúrgica. Oye decir que se les están agotando los medicamentos más utilizados. Un poco asustado, busca una farmacia abierta para adquirir los fármacos que usa la familia. No se los quieren vender sin receta, y de todas formas algunos ya no quedan. Por todas partes hay vehículos inútiles empujados malamente sobre las aceras y arcenes. Gracias a eso pueden circular ahora unos pocos trastos viejos, anteriores a la era de las centralitas digitales y el encendido electrónico. Pasa un arcaico Land Rover de la Guardia Civil, pidiendo por megafonía a viandantes y vecinos que permanezcan en sus casas siguiendo instrucciones de la Delegación del Gobierno.

Nuestro ciudadano se asusta y decide regresar al hogar. Cuando pasa por cerca de la estación del tren, observa que allí tienen luz eléctrica. Al asomarse, descubre que han conectado una locomotora diésel-eléctrica del año de la tos, a modo de generador. Las modernas máquinas computerizadas para los AVEs y Alaris y demás redes de velocidad alta, en cambio, parecen estar inutilizadas.

En unos pocos días, a nuestro ciudadano ya no le queda comida, ni medicamentos, y el agua potable es de dudosa salubridad. La electricidad sigue sin regresar, pues las fábricas que debían construir los repuestos para hacer millones de reparaciones a gran escala también están destruidas. Se habla de que van a evacuar a la gente al campo. Pero, ¿en qué campos van a meter a los millones de habitantes de las ciudades? Desde la terraza, ve cómo se van formando las primeras colas de refugiados. Sólo entonces comprende que su vida y la de los suyos ha cambiado para siempre, propulsados a un mundo antiguo donde, realmente, ya no sabe cómo sobrevivir.

Esto no son hipótesis. Este es el tipo de daño que vemos en los transformadores durante las tormentas geomagnéticas. Una tormenta geomagnética es una variante muy suave, muy sutil, del llamado componente lento del EMP [E3].


Así que cuando estos transformadores quedan sometidos al [E3], básicamente se queman, no debido al propio EMP sino a la interación del EMP con la operación normal del sistema eléctrico. Los transformadores se queman y cuando se queman así, señor, ahí se quedan y no se pueden reparar. Deben reemplazarse, como usted apuntó, desde fuentes extranjeras. Los Estados Unidos, como parte de su ventaja competitiva, ya no producen grandes transformadores eléctricos en ningún lugar. Toda la producción está deslocalizada en el exterior.


Y cuando quiere usted uno nuevo, lo pide, y entonces hay que fabricarlo y entregarlo. No se almacenan. No hay inventario. Se fabrica, se embarca y se entrega por medios muy lentos y complejos porque son objetos muy grandes y masivos. Vienen despacio. El retraso típico desde que ordena usted uno hasta que lo tiene en servicio es de uno a dos años, y eso es si todo sale estupendamente [y tiene usted dinero para pagarlo.]

–Dr. Lowell Wood, en otra comparecencia ante el Senado de los EEUU, 2005.

Uso militar del HEMP: destruyendo la civilización a continentes.

“Los soviéticos planificaron un ataque EMP muy extenso contra los Estados Unidos y otros objetivos […] Un ataque así causaría billones [europeos] de dólares en daños infraestructurales […] A finales de la Guerra Fría […] sólo la Unión Soviética tenía la capacidad de montar ataques EMP contra los Estados Unidos, y muy probablemente lo haría como el primer golpe de una lucha a muerte realizada con medios técnicos protegidos contra EMP. Las respuestas indicadas a cualquier ataque EMP eran bien claras. La capacidad soviética máxima para imponer esos ataques existe todavía en las fuerzas estratégicas de la Federación Rusa, y predigo sin duda ninguna que seguirá existiendo durante muchas décadas […] Cualquier país que disponga de un arma nuclear del tipo de las utilizadas en la II Guerra Mundial [y un cohete capaz de transportarla al espacio] puede realizar un ataque EMP.

–Dr. Lowell Wood, op.cit. (1999)

Se ha postulado insistentemente que las armas de pulso electromagnético y otras aún más esotéricas como las de oscurecimiento constituirían el compás de apertura de la guerra nuclear. Un país así atacado a escala continental sufriría grave desarticulación de sus sistemas defensivos, y muy especialmente en sus radares y telecomunicaciones radioeléctricas. Pero, si bien todos los medios militares que se pueden proteger suelen estar protegidos, su efecto sobre la infraestructura civil resultaría tan devastador que un atacante podría optar por utilizar únicamente esta técnica para asestar un golpe terrible sin iniciar una guerra nuclear a gran escala.

Un solo cohete con una sola cabeza detonando en el espacio exterior, lejos de cualquier sistema antimisil del presente o del futuro próximo, puede provocar con facilidad esta clase de efectos a mayor o menor nivel. Hace tiempo que los científicos rusos y chinos publican abiertamente artículos sobre las posibilidades de construir armas de “súper-EMP”, diseñadas específicamente con objeto de llevar esta clase diferente de destrucción a sus límites teóricos máximos. Para potencias que disponen desde hace décadas de tecnología de armas nucleares avanzadas, misiles balísticos y cohetes espaciales, el coste de tales opciones es ridículamente bajo. Incluso países mucho más atrasados como Corea del Norte podrían llevar a cabo un ataque de este tipo con éxito, lo que seguramente explica algunas realidades presentes de la política internacional.

Curiosamente, un ataque de pulso electromagnético sólo se puede realizar una vez, y luego hay que esperar a que la atmósfera se descargue para repetirlo: cuando el aire está altamente ionizado por la detonación precedente, los siguientes pulsos “se ponen a tierra” y no hacen gran cosa. Por este mismo motivo se prefieren armas de fisión de una sola etapa en vez de armas de fusión multietápicas, o se corre el riesgo de que el pulso generado por la pequeña carga iniciadora debilite los efectos de las siguientes etapas.

Por su capacidad para causar grandes daños en un área inmensa a un coste ridículo, de manera difícilmente evitable y con la hipotética posibilidad de desarticular por completo la sociedad atacada durante un periodo de tiempo indeterminado, es muy probable que este tipo de armas se utilizaran en cualquier conflicto que escalara al nivel nuclear.

Armas de pulso electromagnético no nucleares.

Se han postulado diversas armas electromagnéticas de alcance reducido, con el propósito de realizar ataques selectivos contra una instalación o vehículo determinados. Ya en 1951, Andrei Sajárov y su equipo propusieron en la URSS un cierto generador por compresión de flujo mediante bombeo explosivo, que fue reproducido poco después en el Laboratorio Nacional Los Álamos estadounidense. Los generadores Marx usados en la investigación de los efectos del pulso electromagnético constituyen otra posibilidad, aunque son caros y voluminosos para una aplicación militar en el campo de batalla. Un dispositivo llamado vircator puede convertir con facilidad la energía producida por estos generadores en fuertes pulsos locales, con un alcance de decenas o cientos de metros.

No se ha documentado con claridad el uso de este tipo de armas en guerras reales, probablemente porque están envueltas en un velo de secreto, los sistemas militares suelen estar protegidos contra pulsos y las redes eléctricas civiles se suprimen con más facilidad y de manera más selectiva mediante el uso de bombas de grafito.

Defensa contra pulsos electromagnéticos.

Es conceptualmente sencillo proteger una instalación o equipo contra pulsos electromagnéticos, y en ocasiones hasta barato: si la defensa se implementa en la fase de diseño, puede llegar a encarecer el producto final en cantidades tan bajas como un 5% (aunque en otros casos llegue a superar el 100%). Sin embargo, esto sólo es aplicable a determinadas instalaciones y dispositivos, y una protección fuerte contra pulsos electromagnéticos militares presenta numerosos problemas de índole práctica (y económica).

Uno de estos problemas sustanciales radica en que, para proteger una instalación o equipo contra esta clase de ataque, la única aproximación verdaderamente eficaz consiste en encerrarlo en una caja o jaula de Faraday. Sin embargo, una jaula de Faraday perfecta resulta más fácil de decir que de hacer, sobre todo cuando hablamos de instalaciones voluminosas como una central eléctrica o telefónica, una estación de transformación, una refinería o una planta industrial. Entre otras cosas, requiere un costoso mantenimiento constante, para evitar que la humedad, la oxidación o incluso cosas como pequeños corrimientos de tierra que generen grietas en el subsuelo dejen un “paso libre” al pulso.

Otro problema importante radica en que las propias redes (eléctrica, telefónica, incluso la de aguas y alcantarillado…) pueden transportar el pulso con facilidad al interior de la instalación o dispositivo. Todo contacto con el exterior debe estar defendido con componentes dieléctricos, fusibles o disyuntores ultrarrápidos –raros y caros, pues como ya hemos mencionado las protecciones contra el rayo no sirven contra el componente E1 del pulso– o, incluso, mediante el uso de equipos totalmente autónomos situados dentro de la jaula.

Resulta especialmente complicado proteger los dispositivos provistos –externa o internamente– de antenas o de cableados o circuitos que actúen como una antena, dado que la naturaleza de las mismas es precisamente captar tanta energía electromagnética de la atmósfera como sea posible. Esta clase de aparatos quedarán destruidos con facilidad durante un ataque de esta naturaleza, e incluso pueden llegar a incendiarse o estallar. Prácticamente todos los equipos electrónicos que utilizamos cotidianamente y las redes que los alimentan son susceptibles de actuar como una antena.

Investigación de los pulsos electromagnéticos.

Los procesos y efectos de los pulsos electromagnéticos de gran altitud se estudian fundamentalmente por dos vías. Una de ellas son los generadores Marx, capaces de inducirlos localmente sobre los equipos que se desea poner a prueba. De esta forma, se pueden descubrir sus efectos sobre cada aparato específico y sobre las protecciones que se les puedan haber implementado. Pese a que estos equipos son costosos y muy voluminosos, son numerosos los países que han trabajado con los mismos: Estados Unidos, la URSS y luego Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Suiza e Italia.

Para comprender la manera como se generan estos pulsos y otros fenómenos similares de utilidad tanto civil como militar se utilizan las instalaciones del tipo del HAARP, tan del gusto de los conspiranoicos (aunque nunca sean capaces de acertar a qué se dedican realmente, y desde luego no tiene nada que ver con los terremotos).

Que esta demostrado por cientificos como pueden provocar los terremotos con el haarp,como con distintas armas de geoingenieria.

Tanto el HAARP norteamericano (con su potencia de 3,6 MW… hay cadenas de radio que emiten más energía) como la instalación rusa de Sura (190 MW, 53 veces más) o el EISCAT europeo (cerca de un gigavatio total) y algunos otros de menor potencia son equipos de calentamiento ionosférico por radiación electromagnética. Estas instalaciones permiten simular de manera limitada el bombeo de rayos gamma y X en las capas exteriores de la atmósfera característicos de una carga nuclear EMP (y también de un montón de fenómenos naturales, como la radiación solar).

Sin que el mundo lo supiera, las principales potencias han dispuesto durante más de cuarenta años de un arma capaz de acabar con la civilización tecnológica moderna en apenas una fracción de segundo. En vez de corregir discretamente esta debilidad, la evolución de las sociedades y los mercados hacia unas tecnologías cada vez más delicadas y una economía donde se tienden a presionar todos los costes a la baja han magnificado el riesgo de que un ataque así suprima radicalmente los medios técnicos de una nación moderna y la envíe de vuelta al siglo XIX… en un tiempo donde ya nadie recuerda cómo se sobrevivía en el siglo XIX. Al igual que ocurre con las armas nucleares, no hay manera de desinventar el pulso electromagnético; sólo queda protegerse contra él. La pregunta es si queremos. Si queremos pagarlo, claro.

FUENTE: EXPLAYÁNDOSE

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