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La estafa económica

ESTAFA Y GUERRA: El servilismo del VOTO CONDICIONADO y hacia “LA HUMANIDAD PROMEDIO”


Escribiamos en anterior entrada (VÉASE AQUÍ) acerca de los instrumentos que podemos usar para resistir los envites de las presiones a que nos someten cuando vamos a “votar”.

Esto queda cojo si no tratamos de ver cual es el papel que hoy representan los políticos (y esto no es nada nuevo en las falsas democracias del siglo XX). Una descripción sucinta de ello es la cabecera del primer artículo de los dos que se presentan del siempre activo Manuel Freytas de IAR NOTICIAS:

“Al amparo de la representatividad institucional que le otorga el “voto popular”, el político construye su propio negocio capitalista haciendo lobby y gerenciando “cosa pública” para los poderes económicos y financieros que controlan y se reparten áreas de influencia en el Estado capitalista. Cómo funciona esa estructura políticos-dueños del poder real que la prensa del sistema oculta.”

Queda claro en lo expuesto a continuación el como se puentea a la clase política que únicamente sirve de lobby y agente de propaganda SETTING (Chomsky, véase entrada AQUÍ) desde la población hacia y directamente los intereses capitalistas representados por corporaciones y sostenidos por las casas de poder que ya hemos expuesto.

Una vez que se ha votado a los políticos pertinentes descritos en el primer artículo se abordan las consecuencias que se derivan de ello.

Es en este segundo artículo en el que se expone la tendencia hacia la UNIFORMIDAD DE LA POBLACIÓN (tema nada nuevo, TAVISTOK, MK-ULTRA, MEDIOS…, pero muy bien explicado) que persiguen estas castas mediante “su” definición acerca de lo que es un “comportamiento normal o anormal” de los individuos de esa población afín de uniformalizarla y aplanarla para evitar reacciones no deseadas hasta que ésta se encuentra rayando o sin rayar en la hambruna, la penuria y la muerte (y eso sin guerras ni revoluciones provocadas)

Aquí los trabajos:

1.-

¿Para qué sirve el “voto popular”?

Los políticos como empleados corruptos del poder económico

Al amparo de la representatividad institucional que le otorga el “voto popular”, el político construye su propio negocio capitalista haciendo lobby y gerenciando “cosa pública” para los poderes económicos y financieros que controlan y se reparten áreas de influencia en el Estado capitalista. Cómo funciona esa estructura políticos-dueños del poder real que la prensa del sistema oculta.

Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com

Por encima del poder político se sitúa un supra poder (de naturaleza oculta) fundamentado en un trípode: Las grandes cámaras empresariales, las embajadas extranjeras y los monopolios de medios de comunicación. El político es sólo la expresión gerencial de ese poder.

Las mayorías, alienadas y embrutecidas por el descerebramiento mediático, creen habitualmente que “el poder” son los presidentes y los gobiernos de turno.

En esta concepción masificada, alimentada por los propios analistas de la prensa convencional,  un “Presidente” es algo así como una entidad supra independiente que toma decisiones autónomas por encima de la trama estructural del poder económico y empresarial.

En sus análisis (y así como hacen desaparecer la dinámica de las relaciones capitalistas) los comunicadores del sistema presentan un escenario de conflictos cuyo eje sólo pasa por las competencias y las guerras entre políticos y partidos.

Este enfrentamiento, entre políticos con otros políticos por el posicionamiento electoral, por un  lado, y las peleas del gobierno de turno con la “oposición”, por otro, nunca se asocia con el establishment económico (el poder detrás del trono) y marca la dinámica de la “información”  que a diario consumen las mayorías.

Por lo tanto, para el nivel promedio estadístico masivo (incluido los intelectuales) el poder de decisión es una área de exclusiva competencia de la “clase política” y del gobierno de turno, en perpetua lucha por el sillón presidencial y por el resto de los gobiernos provinciales y comunales y sus áreas legislativas.

Y aquí, se produce la primera distorsión reduccionista: La estructura gerencial (los políticos) es confundida con los patrones (el poder empresarial que controla el Estado capitalista y todo el sistema económico productivo).

Lo que la prensa (tanto en los países centrales como dependientes) presenta como guerra de los políticos por el poder, es en realidad una guerra de los grupos económicos por los mercados y por un mayor posicionamiento en las áreas de decisiones del Estado capitalista.

En este juego, los políticos son sólo intermediarios institucionales de esta guerra, tomando posiciones según su vinculación dentro de la red empresarial para la cual prestan servicios como “lobbystas” en los niveles gubernamentales, legislativos y judiciales.

En el Ejecutivo nacional, en los gobiernos provinciales y comunales, en las cámaras del Congreso, los políticos son sólo la polea de transmisión (y de ejecución) de los intereses de los grandes grupos económicos que se reparten el comercio interior, el comercio exterior, y toda la estructura económica productiva del país.

O sea que, la función especifica de la “clase política” no es la de detentar el poder de decisión económica (el poder real del Estado capitalista), sino la de cumplir funciones gerenciales (cuando están en puestos gubernamentales) o de hacer lobbys  (impulsar leyes favorables a sus representados) cuando están en la cámaras legislativas.

Para que esto se entienda mejor: Todo el desarrollo de la carrera
de un político (sin excepción a la regla) está marcado por su condición de lobbysta de algún grupo económico.

La relación empieza cuando inicia su carrera en el escalón más bajo de la pirámide política, pasando por distintos puestos, desde concejal, diputado, intendente, gobernador hasta Presidente, según la suerte que le toque en el negocio.

Las empresas y bancos pagan de dos maneras por los “servicios” institucionales de un político: Financian sus campañas y lo habilitan con un porcentaje de los contratos que consiguen con el Estado.

Si llegan a los puestos más altos (presidente, gobernador o alcalde), sirven al poder colocando a los operadores de los grupos económicos como funcionarios o asesores claves en los gabinetes gubernamentales.

Esta dinámica es la que le permite a los políticos transformar el gerenciamiento de “cosa pública” en una empresa comercial paralela realizada con el control del Estado. Esta actividad capitalista privada (ejecutada con el Estado como herramienta) es lo que le permite al político convertirse en un próspero millonario y manejar cuentas secretas en los paraísos fiscales.

O sea que, al amparo de la representatividad institucional que le otorga el “voto popular”, el político construye su propio negocio capitalista haciendo lobby y gerenciando “cosa pública” para los pulpos económicos y financieros que controlan y se reparten áreas de influencia en el Estado capitalista.

Si las mayorías tomaran conciencia de esta macroestafa con el Estado dejarían de legitimar a los políticos con su voto en la urna.

Y eso no sucede por una sencilla razón: Los medios de comunicación (guardianes y protectores del sistema) imponen y nivelan la idea de que si la gente no vota se puede ingresar al caos y al “vacío” de poder.

Lo que no tiene ningún sustento lógico, dado que el Estado de las corporaciones económicas funciona al margen del formalismo de las instituciones que le otorgan barniz  “democrática” al macro-robo capitalista de trabajo social y de recursos naturales.

Donde el “voto popular” solo cumple el papel de legitimación social de la estafa institucionalizada con las elecciones y la participación masiva.

El poder oculto

Los que toman las decisiones estratégicas (a través de los políticos) son los factores del poder económico que hacen lobby de presión e influencia sobre el gobierno y los parlamentos.

Esta estrategia (de presentar al gerente como si fuera el patrón) está orientada a hacer desaparecer la estructura del poder real que controla los hilos del Estado por encima de los gobiernos y los sistemas parlamentarios y jurídicos.

Por encima del poder político se sitúa un supra poder (de naturaleza oculta) fundamentado en un  trípode: Las  grandes cámaras empresariales, las embajadas extranjeras y los monopolios de medios de comunicación..

Las embajadas extranjeras (principalmente las de EEUU y la UE) cumplen función de “lobbystas” de sus bancos y empresas en el país en que se encuentren.

Las grandes cámaras empresariales, su vez,  nuclean a los grandes bancos y empresas multinacionales que mantienen la hegemonía y el control de toda la actividad económico productiva, y a su vez manejan el mercado interno y el comercio exterior (las áreas clave de la economía).

Los grandes consorcios mediáticos (aparte de integrar el sistema como una corporación más) son ultradependientes de los grandes bancos y empresas que pautan el grueso de sus facturación con la publicidad comercial.

A su vez, presionan al gobierno nacional y a los provinciales para el otorgamiento de la publicidad institucional de Estado, que complementa su facturación y su rentabilidad por ingresos publicitarios.

Este trípode estratégico constituido por las embajadas (el poder imperial trasnacional), las grandes cámaras empresariales (el poder económico) y los consorcios de la comunicación (el poder mediático) constituye el centro del poder estratégico  que controla el Estado capitalista, tanto en los países centrales como en los de la periferia dependiente.

Cuando la prensa otorga (a través de la información)  el poder de decisión a los políticos y a los gobiernos de turno, lo que hace es diluir la comprensión y sacar el poder real de la vista de las mayorías.

Y hay una explicación de fondo: Los políticos no son nada más que un fusible.

Además de su función gerencial al servicio de los grandes grupos económicos, están para preservar el anonimato de los centros de decisión que controlan el poder real.


(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias

2.-

LO NORMAL Y LO ANORMAL

 

El mundo social en el que vivimos solo está programado para “normales”. Y lo “normal” es acatar sin cuestionar las reglas de la “normalidad”. Pero, ¿qué es la “normalidad” y qué es lo que se entiende como “anormalidad” en el sistema capitalista?

Por Manuel Freytas (*)
manuelfreytas@iarnoticias.com

El humano masificado, consumista y alienado no es otra cosa que el individualismo y la indiferencia programados masivamente como “normalidad” por el sistema capitalista. El valor humano convertido en cifra (valor numérico).

El sistema capitalista es matemático. Trabaja sobre números, no sobre personas, y sin embargo su lenguaje (matemático) es utilizado para identificar personas en claves numéricas.

Las palabras “normal” o “anormal”, son equivalentes socialmente a “mayoría” y “minoría”. La palabra “normal” viene de “norma”, que es un término estadístico para darle una identidad de nivelación numérica  a las mayorías. La palabra “anormal” se constituye en las antípodas de lo “normalidad”, y es minoría (“numérica) en relación con la “anormalidad”.

Es decir, las características de las mayorías (numéricas)  constituyen la norma. Pero esto es matemático, por lo tanto lógica matemática, o sea, lógica para números. De esta manera, la “normalidad” sólo rige para los que coinciden con las mayorías del sistema, las mayorías convertidas en números. Sólo números.

En el capitalismo, pensar no es pensar, sino recrear mecánicamente los valores (numéricos) programados en las cabezas por el sistema. Eso nivela con la mayoría estadística El que se sale de las reglas y utiliza el cerebro para procesar el mundo por sí mismo (sin las reglas del sistema), se convierte estadísticamente en un “anormal” .

El sistema solo está programado para “normales”. Y lo “normal” es dejar que te programen con la normalidad. Pero, ¿qué es la “normalidad” en el capitalismo?

Normal es el hombre y la mujer que creen en la paz, en la familia y en la propiedad privada. Lo que signifiquen esos valores no importa. Que el sistema capitalista utilice esos valores para masacrar humanos en masa y depredar el planeta, no importa. Son los valores (matemáticos) nivelados en la cabeza de las mayorías como la “normalidad aceptada”.

Según Wikipedia: “La anormalidad es una característica definida en forma subjetiva, se asigna a aquellas personas que poseen condiciones raras o disfuncionales. Definir si una persona es normal o anormal es un tema difícil en el campo de la psicología de la anormalidad”.

Esa misma interpretación, llevada al plano de la realidad social concreta, significa que la “anormalidad” es una categoria que se asigna a las personas que resultan “disfuncionales” para el sistema de la sociedad de consumo que establece las normas de comportamiento social.

En otras palabras, si se actúa como las mayorías (numéricas)  se es “funcional” y “normal”. Si se piensa por uno mismo, se es “anormal” y “disfuncional”

Pero hay otra definición: Normal o anormal, son terminas antitéticos para definir a los que rechazan, o a los que comparten sin cuestionar las reglas sociales, políticas y económicas del sistema capitalista que programa y nivela el pensamiento humano “unido” a escala planetaria.

De este modo, resulta que las mayorías que celebran los mundiales de fútbol, que adoran ídolos faranduleros, que votan en las elecciones sin conciencia crítica, que rechazan  las huelgas y las protestas sociales, que disfrutan de la sociedad de consumo mientras la mitad de la humanidad vive en la pobreza, son “normales”.

El humano masificado y alienado  no es otra cosa que la  indiferencia y el individualismo  programados masivamente como “normalidad” por el sistema capitalista a escala global. El valor humano convertido en cifra (valor numérico).

La “normalidad” en el sistema, entonces, es lo que hace la mayoría que sigue a los eslóganes de los medios de comunicación y la sociedad. Celebrar la fiestas marcadas por el calendario, no criticar al sistema, ser indiferente al sufrimiento humano social, ser amiguero y familiero, pero indiferente a los dramas colectivos.

Eso es ser “normal”. Y parece ser el parámetro para medir a los “normales” y “anormales” del sistema. Y el sistema sólo está programado para los “normales”.

Las mayorías pueden tener “emociones” y pensamientos individualistas, pero lo que no pueden hacer es rechazar el programa nivelador con la sociedad de consumo y la ideología individualista que la familia, la escuela y los medios de comunicación (herramientas del sistema) grabaron en su cerebro. El que se sale del sistema es “anormal”, y es rechazado por las mayorías programadas por la “normalidad”.

Desde el nacimiento, dentro de la familia, ya se comienzan a programar los “valores” que el sistema acepta como “normales”. Luego, a través de la “educación formal” y desde el jardín de infantes hasta la universidad, en sus distintos niveles de “aprendizaje”, el sistema socializa al chico y a la chica en los parámetros socioculturales del sistema.

Ninguna escuela o universidad del sistema enseñan a pensar e interpretar analíticamente la realidad. Enseñan a respetar el orden establecido. “Normalizan”.

Y los medios de comunicación son los que dicen qué es lo que se debe hacer y sentir para ser “normal”. Completan el trabajo de adaptación que empieza con la familia, y que sigue con la escuela. Cuando los medios dicen que hay que reír, las mayorías ríen, cuando dicen que hay que llorar, lloran, consumiendo alegrías y amarguras indistintamente.

Pero el sistema es astuto, y jamás dirá que hay que sufrir por las injusticias, las muertes o el hambre provocados por el sistema mismo. Y si alguno se sale del molde, entran a actuar los curas, los psicólogos, los psiquiatras y termina finalmente internado en un hospital neuropsiquiátrico o encerrado en una cárcel.


(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias

FUENTE: Manuel Freytas en IAR NOTICIAS

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