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Encubrimientos de los medios, La estafa económica

ESTAFA:Diferencias de trato entre la DEUDA GRIEGA Y LA ALEMANA.


Cinismo, mentira y extorsión serían algunas de las palabras para definir quién es quién en Europa.

Aunque la Primera y Segunda Guerra Mundial fueran orquestadas y financiadas por intereses ajenos al propio pueblo aleman, ver anteriores posts, lo cierto es que ese Estado contrajo una deuda oficial con los paises afectados por daños de guerra humanitarios (millones de seres humanos) y la de la destrucción de un continente que tuvo que reconstruirse, incluido el pueblo griego (un millón de muertos) y sus infraestructuras.

A Alemania le fueron financiadas y perdonadas las deudas al uso que contrajo en unos pocos años y aquí no pasó nada. En cambio Grecia fue obligada a introducirse en la zona Euro mediante falsedad de cuentas (Goldman Sachs) y al cabo de unos años de préstamos concedidos que no había pedido salvo por sus gobiernos corruptos y la estafa de la deuda soberana (ver posts sobre la RESERVA FEDERAL) se le apremia la devolución de intereses más principal imposibles de devolver.

El intento desesperado del gobierno heleno de convocar un referendo acaba con un golpe de estado en donde se sustituye al presidente electo por un burócrata de GOLDMAN SACHS. La extorsión y los rescates (esclavismo que por cierto ya está aprobado para España, rescate total, ver post anterior al respecto) se suceden transformando la situación griega en un problema humanitario. Y así seguirá.

Alemania, libre de devoluciones de deudas más que justificadas vive un período de bonanza, digan lo que digan en la TROIKA o en los correderos desinformados.

Unos son tratados a cuerpo de rey y otros son propulsados a reacción a un abismo que ya estan viviendo.

Este artículo describe esta discriminación en la gestión de la estafa de deudas soberanas y financieras entre los dos paises mencionados:

FUENTE: PEDRO OLALLA

Las deudas de Alemania

Sábado, 23 de Junio de 2012 19:51
Cansados ya de hablar de la deuda de Grecia, hablemos, por ejemplo, de la de Alemania, su “gran rescatadora” para beneficio de la ingeniería financiera y para tranquilidad de los mercados.

Para hablar de esta deuda, no hace falta recurrir a argumentos de carácter moral o cultural, que, pese a su solidez y su certeza, podrían ser tildados de retóricos por algunos cretinos; bastará con hablar de dinero; nada de sentimentalismos: real money.

¿Saben Uds. cuál es el país europeo que más rotundamente y con más éxito se ha negado de forma reiterada al pago de sus deudas? No es otro que Alemania. Y no se trata de deudas derivadas de la mera especulación financiera, sino de deudas derivadas de indemnizaciones de guerra: es decir, de deudas contraídas por haber invadido, destruido, saqueado y matado.

Tras el Tratado de Versalles (1919), la Alemania perdedora de la I Guerra Mundial fue condenada a pagar reparaciones de guerra a los aliados por valor de 226.000 millones de marcos de oro, una cifra imposible, fijada con el fin de castigar a la belicosa nación y de poner freno a una rápida recuperación que pudiera verse seguida de nuevas hostilidades. Entre 1924 y 1929, la república de Weimar se mantuvo casi exclusivamente de los préstamos recibidos de EE.UU. (más de un billón de dólares), destinados en parte a sufragar las indemnizaciones señaladas. Pero la situación para Alemania se hacía insostenible, y el crack del 29, además de enormes pérdidas para los prestamistas, abrió la posibilidad a la renegociación de la deuda: así pues, en 1930 (Plan Young), esa ingente obligación de pago quedó formalmente reducida… a la mitad (112.000 millones). Entre 1931 y 1932, y dada la situación de la economía mundial, EE.UU. decide condonar las deudas de guerra a Francia y Reino Unido, quienes, a su vez, renuncian como acreedores a buena parte de la deuda alemana (Moratoria Hoover y Negociaciones de Lausanne). Resumiendo, en 1932, Alemania consiguió una reducción neta de más del 98% de las deudas a las que le obligaba haber puesto en marcha la I Guerra Mundial, y en 1939, cuando pone en marcha la segunda, la Alemania de Hitler suspende unilateralmente todos los pagos, incluido el de este 2%.

Acabada la II Guerra Mundial, la historia se repite: Alemania es condenada a pagar cuantiosísimas indemnizaciones de guerra, pero, en el célebre Tratado de Londres (1953), los EE.UU., deseosos de convertir a la nueva Alemania federal en un pilar de la OTAN frente al bloque soviético, consiguen “convencer” a veinte países –entre ellos Grecia– para que accedan a una condonación “de facto” de todas las deudas alemanas derivadas de la Gran Guerra. Sin embargo, este extraordinario tratamiento de favor –y las favorables politicas extranjeras para que el país “perdedor” recuperase pronto el superávit comercial– no fueron obstáculo para que Alemania siguiera reclamándole a una Grecia invadida, expoliada por sus tropas y con un millón de muertos… todas las deudas anteriores a la guerra desde 1881. No fue obstáculo para que, en 1964 -y con la ayuda de Georgios Papandreou (abuelo) y Kostas Mitsotakis–, Alemania consiguiera el reconocimiento de esas deudas por parte del gobierno griego, engrosadas además con una altísima prima de riesgo que hace que aún las estemos pagando. Y tampoco fue obstáculo para que, en 1990 –cuando la unificación de Alemania obligaba a revisar los términos del Tratado de Londres y a retomar el pago de las indemnizaciones congeladas en virtud del mismo–, la Alemania de Kohl se negase nuevamente a pagar la mayor parte de esa “vieja deuda” y países como Grecia siguieran sin encontrar justicia.

No nos engañemos con falsas lecciones de moral: el llamado “milagro” de la economía alemana se basa primordialmente en el impago reiterado de sus deudas por indemnizaciones de guerra. Y digo, primordialmente, porque deberíamos referir también, como cimientos del “milagro”, la prosperidad adquirida por la explotación del trabajo forzado en 78 campos de concentración por colosos económicos como Krupp, Thyssen, Volkswagen o I.G. Farben, padre este último de gigantescas multinacionales como Bayer, Agfa o Aventis, que siguen dando muestras de buenas prácticas en el mundo globalizado de hoy (como también Neuman, Siemens, SLC Germany GmbH, etc., por no hablar de la industria armamentística alemana, tan boyante entonces como ahora).

Más allá de las hipocresías, la pregunta es la misma de siempre: ¿quién debe a quién?

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